En este artículo Stiglitz se pregunta: ¿Quienes son culpables de la crisis financiera internacional? De acuerdo con él la culpa la tiene tanto el gobierno hasta la población; desde el banquero, pasando por Alan Greenspan y la administración Bush, hasta los deudores.
No existe un único culpable, ya que la crisis es resultado de las fallas estructurales del sistema, reforzadas por la intransigencia de la FED respecto a regularizar instituciones como los bancos de inversión y los inversionistas. De hecho, fueron los neoconservadores quienes buscaron una mayor desregulación del sistema financiero, la cual defendieron con los modelos proporcionados por economistas que manejaban hipótesis de información perfecta, mercado perfecto y competencia perfecta, es decir, no consideraban ningún tipo de variante que desestabilizara el modelo.
Los bancos, supuestos expertos en el manejo de riesgo, no tuvieron la menor precaución y otorgaron préstamos fáciles y sin mayor documentación de respaldo, confiados en que la tasa de intereses se mantendría baja. Con esto, los estadounidenses compraron sus casas a muy bajos intereses, los cuales eran artificiales, y ante la subida de éstos les resultó imposible costear sus deudas hipotecarias.
Aunado a la baja tasa de intereses mantenida por la FED como recurso para mantener activa la economía estadounidense, se encuentra el recorte de impuestos para los ricos, así como el incremento de los precios del petróleo, consecuencia directa de la guerra en Irak. Con todo esto como respaldo, Stiglitz menciona que el gobierno es culpable por no hacer nada, no por hacer mucho. El principal culpable fue el sistema político americano y su dependencia en la contribución a las campañas, lo que permitió que Wall Street ejerciera una enorme influencia sobre el gobierno de Bush, el cual solo benefició sus intereses.
Stiglitz, J.E. (2009) “The anatomy of a murder: who killed America’s economy?”, en Critical Review, vol. 21, num. 2–3, pp. 329–339.
No existe un único culpable, ya que la crisis es resultado de las fallas estructurales del sistema, reforzadas por la intransigencia de la FED respecto a regularizar instituciones como los bancos de inversión y los inversionistas. De hecho, fueron los neoconservadores quienes buscaron una mayor desregulación del sistema financiero, la cual defendieron con los modelos proporcionados por economistas que manejaban hipótesis de información perfecta, mercado perfecto y competencia perfecta, es decir, no consideraban ningún tipo de variante que desestabilizara el modelo.
Los bancos, supuestos expertos en el manejo de riesgo, no tuvieron la menor precaución y otorgaron préstamos fáciles y sin mayor documentación de respaldo, confiados en que la tasa de intereses se mantendría baja. Con esto, los estadounidenses compraron sus casas a muy bajos intereses, los cuales eran artificiales, y ante la subida de éstos les resultó imposible costear sus deudas hipotecarias.
Aunado a la baja tasa de intereses mantenida por la FED como recurso para mantener activa la economía estadounidense, se encuentra el recorte de impuestos para los ricos, así como el incremento de los precios del petróleo, consecuencia directa de la guerra en Irak. Con todo esto como respaldo, Stiglitz menciona que el gobierno es culpable por no hacer nada, no por hacer mucho. El principal culpable fue el sistema político americano y su dependencia en la contribución a las campañas, lo que permitió que Wall Street ejerciera una enorme influencia sobre el gobierno de Bush, el cual solo benefició sus intereses.
Stiglitz, J.E. (2009) “The anatomy of a murder: who killed America’s economy?”, en Critical Review, vol. 21, num. 2–3, pp. 329–339.
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