Sin duda alguna uno de los principales obstáculos para crear una Comunidad de América del Norte ha sido la postura estadounidense a partir del 11 de septiembre de 2001, basada en una esquizofrenia en la que todos son sus enemigos a menos que acepten la postura estadounidense respecto a seguridad. Esto ha tenido como consecuencia el unilateralismo de las acciones estadounidenses, por lo que ni México ni Canadá parecen estar en buena posición para negociar.
Si bien hay alrededor de un 38% de personas en Norteamérica que se identifica con la palabra “norteamericano”, hay que considerar la influencia que ejercen los líderes de opinión y grupos conservadores en la opinión pública, quienes ven la integración como una amenaza a la soberanía y a la identidad (Pastor, 2008: pp. 157,159).
En el estudio “Construcción de una Comunidad de América del Norte se hace énfasis en la necesidad de promover los intercambios culturales y educativos de tal forma que se promuevan imágenes positivas respecto de cada sociedad, lo que ayudaría a que la opinión pública apoyara una profundización de la integración regional (Council of Foreign Relations, 2005).
Pero como mencioné líneas arriba, no todo es cuestión de voluntad política. Las propuestas de estudios como el del Council of Foreign Relations o de analistas como Pastor y Clarkson van encaminadas a acciones que requieren de cooperación entre iguales, o al menos entre Estados entre los que no existe una brecha como la que caracteriza a Norteamérica.
Tan solo en la cuestión de seguridad, se propone la creación de un perímetro de seguridad común, lo que debe profundizarse con la homologación de requisitos para entrar al área norteamericana (Council of Foreign Relations, 2005: p. 133-134). Empero, esta medida supone la existencia de seguridad interna, lo cual es inimaginable con la situación actual de violencia en México a causa del narcotráfico. Por lo tanto, si primero no se resuelven problemas como el crimen organizado, el tráfico de armas y la migración ilegal, no tiene oportunidad de ser dicho espacio. Aunado a esto, la cooperación militar que se requeriría no es posible cuando el ejército mexicano se encuentra tan atrasado respecto del estadounidense, e incluso del pequeño ejército canadiense, por lo que una expansión del NORAD no es viable.
La migración por su parte responde a la falta de empleo y buenos salarios en México. Mientras no se invierta en México y se desarrolle el sur de este país, la migración seguirá presentándose y representando una válvula de escape para el gobierno mexicano, quien así se deslinda de responsabilidades (Imaz, 2008: p. 121). La financiación norteamericana a México no es posible mientras no se hagan las reformas judiciales, administrativas, fiscales y laborales que son necesarias para que los proyectos de inversión sean atractivos a los norteamericanos.
Aunado a lo anterior, el poco interés que Canadá y México ven respecto relación es otro obstáculo, ya que cada uno decide negociar con Estados Unidos por su cuenta en lugar de elaborar una estrategia para negociar juntos. Por último y no por ello menos importante, está le hecho de que no existe ningún tipo de institución norteamericana que sirva como catalizador como el proyecto (Clarkson, 2007: p. 89).
No cabe duda de que una integración regional como la que proponen los ya mencionados estudios y otros tantos más sería benéfica para los tres países norteamericanos. Si bien los cambios sociales, políticos y administrativos requeridos en cada uno de los tres países no son imposibles, si son complicados de alcanzar y necesitarían no solo de una verdadera disposición por parte de los gobiernos norteamericanos, sino también de mucho tiempo y de resultados de las pocas acciones que se llevan a cabo.
*Clarkson, S. (2007) “Does North America exist? Transborder governance after NAFTA and the security and prosperity partnership”, en Norteamérica Revista Académica, año 2, num. 2 pp. 85 – 104.
*Council on Foreign Relations, Consejo Canadiense de Presidentes de Empresa Consejo y Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (2005), Construcción de una comunidad de América del Norte: Informe de un Grupo Independiente de Trabajo, Washington D.C.: CFR, 123 – 178.
*Imaz, C. (2008) “De traidores a héroes: el cambio de percepción en México hacia los migrantes”, en E. Levine (coord.), La migración y los latinos en Estados Unidos: visiones y conexiones, México: CISAN-UNAM, pp. 119-132.
*Pastor, R. (2008) “El futuro de América del Norte: Cambiar una política de mal vecino”, en Foreign Affairs Latinoamérica, vol. 8 núm. 4, pp. 152 – 164.
Si bien hay alrededor de un 38% de personas en Norteamérica que se identifica con la palabra “norteamericano”, hay que considerar la influencia que ejercen los líderes de opinión y grupos conservadores en la opinión pública, quienes ven la integración como una amenaza a la soberanía y a la identidad (Pastor, 2008: pp. 157,159).
En el estudio “Construcción de una Comunidad de América del Norte se hace énfasis en la necesidad de promover los intercambios culturales y educativos de tal forma que se promuevan imágenes positivas respecto de cada sociedad, lo que ayudaría a que la opinión pública apoyara una profundización de la integración regional (Council of Foreign Relations, 2005).
Pero como mencioné líneas arriba, no todo es cuestión de voluntad política. Las propuestas de estudios como el del Council of Foreign Relations o de analistas como Pastor y Clarkson van encaminadas a acciones que requieren de cooperación entre iguales, o al menos entre Estados entre los que no existe una brecha como la que caracteriza a Norteamérica.
Tan solo en la cuestión de seguridad, se propone la creación de un perímetro de seguridad común, lo que debe profundizarse con la homologación de requisitos para entrar al área norteamericana (Council of Foreign Relations, 2005: p. 133-134). Empero, esta medida supone la existencia de seguridad interna, lo cual es inimaginable con la situación actual de violencia en México a causa del narcotráfico. Por lo tanto, si primero no se resuelven problemas como el crimen organizado, el tráfico de armas y la migración ilegal, no tiene oportunidad de ser dicho espacio. Aunado a esto, la cooperación militar que se requeriría no es posible cuando el ejército mexicano se encuentra tan atrasado respecto del estadounidense, e incluso del pequeño ejército canadiense, por lo que una expansión del NORAD no es viable.
La migración por su parte responde a la falta de empleo y buenos salarios en México. Mientras no se invierta en México y se desarrolle el sur de este país, la migración seguirá presentándose y representando una válvula de escape para el gobierno mexicano, quien así se deslinda de responsabilidades (Imaz, 2008: p. 121). La financiación norteamericana a México no es posible mientras no se hagan las reformas judiciales, administrativas, fiscales y laborales que son necesarias para que los proyectos de inversión sean atractivos a los norteamericanos.
Aunado a lo anterior, el poco interés que Canadá y México ven respecto relación es otro obstáculo, ya que cada uno decide negociar con Estados Unidos por su cuenta en lugar de elaborar una estrategia para negociar juntos. Por último y no por ello menos importante, está le hecho de que no existe ningún tipo de institución norteamericana que sirva como catalizador como el proyecto (Clarkson, 2007: p. 89).
No cabe duda de que una integración regional como la que proponen los ya mencionados estudios y otros tantos más sería benéfica para los tres países norteamericanos. Si bien los cambios sociales, políticos y administrativos requeridos en cada uno de los tres países no son imposibles, si son complicados de alcanzar y necesitarían no solo de una verdadera disposición por parte de los gobiernos norteamericanos, sino también de mucho tiempo y de resultados de las pocas acciones que se llevan a cabo.
*Clarkson, S. (2007) “Does North America exist? Transborder governance after NAFTA and the security and prosperity partnership”, en Norteamérica Revista Académica, año 2, num. 2 pp. 85 – 104.
*Council on Foreign Relations, Consejo Canadiense de Presidentes de Empresa Consejo y Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (2005), Construcción de una comunidad de América del Norte: Informe de un Grupo Independiente de Trabajo, Washington D.C.: CFR, 123 – 178.
*Imaz, C. (2008) “De traidores a héroes: el cambio de percepción en México hacia los migrantes”, en E. Levine (coord.), La migración y los latinos en Estados Unidos: visiones y conexiones, México: CISAN-UNAM, pp. 119-132.
*Pastor, R. (2008) “El futuro de América del Norte: Cambiar una política de mal vecino”, en Foreign Affairs Latinoamérica, vol. 8 núm. 4, pp. 152 – 164.
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