viernes, 30 de abril de 2010

Reseña: Post-NAFTA North America. Reshaping the economic and political governance of a changing region


En el texto de Morales se habla de la importancia que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte ha tenido para los países miembros y cuáles eran las perspectivas y los motivos por los que éstos decidieron llevarlo a cabo. En primer lugar se habla del interés compartido de Canadá y México por que el TLCAN fuera el primer paso de un proceso más complejo de integración, de tal forma que el desarrollo de los tres países fuera interdependiente pero integral para cada uno de ellos. No obstante se enfrentaron con la postura estadounidense que en ningún momento consideró un proceso de integración norteamericana y que no tiene ni el más remoto interés en el desarrollo de sus vecinos, al menos no mientras tengan la capacidad de seguir siendo sus principales mercados.

Pero más allá de las garantías que el mercado norteamericano representaba para Estados Unidos, el TLCAN le sirvió como un impulso político en la promoción de su “filosofía económica” a lo largo y ancho del mundo, liderando a través de su políticas neoliberales el proceso globalizador.

Otra consecuencia clara del TLCAN fue una marcada división del trabajo, en la que Canadá y México pasaron a ser suministradores de insumos para la industria y el mercado estadounidense. Pero esto no ha sido del todo benéfico para éstos dos países, pues su economía se ha articulado en torno a la de Estados Unidos, pero los beneficios económicos no han sido proporcionales y se ha abierto la brecha de desarrollo dentro de los mismo países, principalmente en México, donde el norte se encuentra en mejores condiciones económicas que el atrasado sur. Aunado a esto, se encuentra el deterioro ambiental que ocasiona la explotación de los “abundantes” recursos naturales mexicanos, sin hablar del deterioro del nivel de vida del mexicano, que considerado mano de obra barata, percibe una baja remuneración.

Sin duda alguna uno de los temas de mayor interés para México es la creación de un mercado laboral norteamericano, pero ante la negativa de Canadá y Estados Unidos, así como la creciente desigualdad entre éstos y México, la migración ilegal se ha incrementado al ser vista como una oportunidad para los mexicanos pobres que no tienen oportunidades en México. Las propuestas de México del TLCAN plus fueron completamente ignoradas cuando los estadounidenses tomaron como eje de sus políticas de Estado la seguridad nacional a raíz del 11 de septiembre.

El futuro del proceso de integración norteamericano tendría una oportunidad si se avanza a partir de los temas de interés para Estados Unidos, quien es el que tiene la última decisión. El tema de mayor interés para este país es el energético, pero ante la situación constitucional y “nacionalista” mexicana, parece complicado un nuevo arranque del proceso con la participación de México, al menos hasta que se modifique la situación existente en el sector energético.

Morales, I., Post-NAFTA North America. Reshaping the economic and political governance of a changing region, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2008

domingo, 25 de abril de 2010

Comunidad norteamericana, ¿posible?

Sin duda alguna uno de los principales obstáculos para crear una Comunidad de América del Norte ha sido la postura estadounidense a partir del 11 de septiembre de 2001, basada en una esquizofrenia en la que todos son sus enemigos a menos que acepten la postura estadounidense respecto a seguridad. Esto ha tenido como consecuencia el unilateralismo de las acciones estadounidenses, por lo que ni México ni Canadá parecen estar en buena posición para negociar.

Si bien hay alrededor de un 38% de personas en Norteamérica que se identifica con la palabra “norteamericano”, hay que considerar la influencia que ejercen los líderes de opinión y grupos conservadores en la opinión pública, quienes ven la integración como una amenaza a la soberanía y a la identidad (Pastor, 2008: pp. 157,159).

En el estudio “Construcción de una Comunidad de América del Norte se hace énfasis en la necesidad de promover los intercambios culturales y educativos de tal forma que se promuevan imágenes positivas respecto de cada sociedad, lo que ayudaría a que la opinión pública apoyara una profundización de la integración regional (Council of Foreign Relations, 2005).

Pero como mencioné líneas arriba, no todo es cuestión de voluntad política. Las propuestas de estudios como el del Council of Foreign Relations o de analistas como Pastor y Clarkson van encaminadas a acciones que requieren de cooperación entre iguales, o al menos entre Estados entre los que no existe una brecha como la que caracteriza a Norteamérica.

Tan solo en la cuestión de seguridad, se propone la creación de un perímetro de seguridad común, lo que debe profundizarse con la homologación de requisitos para entrar al área norteamericana (Council of Foreign Relations, 2005: p. 133-134). Empero, esta medida supone la existencia de seguridad interna, lo cual es inimaginable con la situación actual de violencia en México a causa del narcotráfico. Por lo tanto, si primero no se resuelven problemas como el crimen organizado, el tráfico de armas y la migración ilegal, no tiene oportunidad de ser dicho espacio. Aunado a esto, la cooperación militar que se requeriría no es posible cuando el ejército mexicano se encuentra tan atrasado respecto del estadounidense, e incluso del pequeño ejército canadiense, por lo que una expansión del NORAD no es viable.

La migración por su parte responde a la falta de empleo y buenos salarios en México. Mientras no se invierta en México y se desarrolle el sur de este país, la migración seguirá presentándose y representando una válvula de escape para el gobierno mexicano, quien así se deslinda de responsabilidades (Imaz, 2008: p. 121). La financiación norteamericana a México no es posible mientras no se hagan las reformas judiciales, administrativas, fiscales y laborales que son necesarias para que los proyectos de inversión sean atractivos a los norteamericanos.

Aunado a lo anterior, el poco interés que Canadá y México ven respecto relación es otro obstáculo, ya que cada uno decide negociar con Estados Unidos por su cuenta en lugar de elaborar una estrategia para negociar juntos. Por último y no por ello menos importante, está le hecho de que no existe ningún tipo de institución norteamericana que sirva como catalizador como el proyecto (Clarkson, 2007: p. 89).

No cabe duda de que una integración regional como la que proponen los ya mencionados estudios y otros tantos más sería benéfica para los tres países norteamericanos. Si bien los cambios sociales, políticos y administrativos requeridos en cada uno de los tres países no son imposibles, si son complicados de alcanzar y necesitarían no solo de una verdadera disposición por parte de los gobiernos norteamericanos, sino también de mucho tiempo y de resultados de las pocas acciones que se llevan a cabo.

*Clarkson, S. (2007) “Does North America exist? Transborder governance after NAFTA and the security and prosperity partnership”, en Norteamérica Revista Académica, año 2, num. 2 pp. 85 – 104.
*Council on Foreign Relations, Consejo Canadiense de Presidentes de Empresa Consejo y Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (2005), Construcción de una comunidad de América del Norte: Informe de un Grupo Independiente de Trabajo, Washington D.C.: CFR, 123 – 178.
*Imaz, C. (2008) “De traidores a héroes: el cambio de percepción en México hacia los migrantes”, en E. Levine (coord.), La migración y los latinos en Estados Unidos: visiones y conexiones, México: CISAN-UNAM, pp. 119-132.
*Pastor, R. (2008) “El futuro de América del Norte: Cambiar una política de mal vecino”, en Foreign Affairs Latinoamérica, vol. 8 núm. 4, pp. 152 – 164.

jueves, 22 de abril de 2010

México y el TLCAN


El Tratado de Libre Comercio tenía como objetivo el incrementar los flujos comerciales entre los miembros, lo cual efectivamente ha logrado. La postura mexicana para participar en dicha empresa se basaba en la idea de que con el fomento de las exportaciones sin necesidad de subsidios gubernamentales sería la base del crecimiento económico (Ruiz, Moreno, 2006: p. 20). No obstante, la forma en que se comenzó la apertura de la economía mexicana y la poca preparación y precarias condiciones de ésta para su participación en el TLCAN se convirtieron en obstáculos para el desarrollo de México.

El TLCAN, si bien ha incrementado el comercio y las cifras de Comercio exterior de México respecto a Estados Unidos son superavitarias, no le ha resultado del todo benéfico. Stiglitz es muy claro cuando señala que “el Tratado de Libre comercio de América del Norte no ha servido para detonar el desarrollo de México… la experiencia del TLCAN se ha marcado por el bajo crecimiento de la economía mexicana y la brecha del poder adquisitivo con sus socios comerciales es cada vez mayor… las cosas no han funcionado como se esperaba” (Stglitz, 2005, citado por Heredia, 2006: pp. 185-186).

La consecuencia inmediata de la apertura comercial fue el desempleo. Se esperaba que con el incremento de las maquilas se produjeran empleos y la migración a Estados Unidos disminuiría, pero ha sido todo lo contrario, ya que además de incrementarse la migración, ésta ahora incluye a personal capacitado que no encuentra empleo en México o los salarios no son adecuados (Ruiz, Moreno, 2006: p. 27).

La creciente brecha entre las condiciones económicas de México respecto sus vecinos del norte son la muestra más clara de que el TLCAN por sí solo no beneficia a México. Es claro que México debe hacer muchas reformas y crear programas económicos que respondan a sus necesidades y subsanen sus deficiencias, pero también es necesario un mayor involucramiento de Estados Unidos y Canadá.

Lo que en su momento Fox propuso como el TLCAN plus debe tomarse en consideración y reevaluarse. Las relaciones económicas se han profundizado en las últimas dos décadas, pero así mismo lo han hecho sus vulnerabilidades en materia de seguridad, de migración y competitividad. Por eso mismo, los gobiernos de los tres países deben de ver hacia el futuro de la integración de América del Norte como una forma de subsanar sus vulnerabilidades.

Un primer paso para ello, es sin duda promover el desarrollo de México a través de fondos de inversión, ya que sin esto como pilar, no se puede hablar de una profundización en otros rubros como la seguridad, puesto que no habría condiciones para ello (Council on Foreign Relations, Consejo Canadiense de Presidentes de Empresa Consejo y Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, 2005: pp. 138-140).
No obstante, para avanzar en cualquier intento de profundización hay que sortear obstáculos complicados, que van desde los prejuicios que cada sociedad tiene respecto de las otras, como los intereses de grupos conservadores y racistas, principalmente en los Estados Unidos, pero también los “soberanistas a ultranza” que tampoco son escasos en México.

Superando las deficiencias anteriores y creando un proyecto norteamericano (lo cual no implica una desaparición del Estado nacional), México puede aceptar esta opción como viable. No obstante, si las relaciones trilaterales se mantienen en la misma secuencia que hasta ahora, centrándose en el intercambio comercial sin cooperar en ningún aspecto ni eficientizar dichas relaciones, México debe reconsiderar otra alternativa que no presente tantas barreras para su desarrollo.

*Council on Foreign Relations, Consejo Canadiense de Presidentes de Empresa Consejo y Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (2005), Construcción de una comunidad de América del Norte: Informe de un Grupo Independiente de Trabajo, Washington D.C.: CFR, 123 – 178.
*Heredia, C. (2006) “La relación con Estados Unidos: la prueba de ácido de la política exterior mexicana”, en J.E. Navarrete (coord.), La reconstrucción de la política exterior de México: principios, ámbitos, acciones. México: CEIICH-UNAM, 2006, pp. 175 – 246.
*Ruiz Nápoles, P. y J.C. Moreno-Brid. (2006) “Efectos macroeconómicos de la apertura y el TLCAN”, en M. Gambrill (ed.) Diez años del TLCAN en México, México: CISAN-IIE-Facultad de Economía-UNAM, pp. 19-34.

sábado, 17 de abril de 2010

EEUU en la agenda de política exterior de México

Al momento de la independencia, México solo tenía interés en delimitar la frontera con los Estados Unidos y, si se podía, obtener beneficios económicos, pero pronto fue sustituida por una perspectiva de rivales y posteriormente enemigos que desembocó en la guerra de 1847.

Posterior a la guerra, Estados Unidos no volvió a ser tema de política exterior para México sino hasta el gobierno de Porfirio Díaz, quien tenía gran interés en atraer el capital estadounidense para que invirtiera en las minas, plantaciones y demás actividades que ayudaran a desarrollar la industria en México. Pero incluso esta postura tuvo sus reservas, ya que Díaz buscó atraer capitales europeos que contrarrestaran la creciente influencia estadounidense en México, lo cual logró en cierta medida. Así, en este periodo la importancia de Estados Unidos fue la de fuente de capital de inversión.

Tras la revolución, Estados Unidos era el principal inversor en México, pero también era visto con recelo y precaución debido a los intentos mexicanos por regular y posteriormente nacionalizar la industria petrolera. En estos años el país del norte representaba una verdadera amenaza, pero debido al contexto de la crisis financiera internacional, México era dependiente de su relación con ese país.

A partir de la década de 1940, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se volvió el único mercado disponible para México, y de ahí en adelante fue una prioridad para los gobiernos siguientes el mantener buenas relaciones con ese país para asegurar ayuda económica y el mercado de exportación, aunque hubo algunos intentos por diversificar relaciones, pero fracasaron.

Los gobiernos Neoliberales han manejado un proyecto en que Estados Unidos es la única alternativa de desarrollo para México. Muchos de estos neoliberales han sugerido “revisar la idea de soberanía y principios de la política exterior porque […] son inoperantes en los tiempos de la globalización” (Iruegas, 2006: p.72). Castañeda por ejemplo (2001), maneja una visión determinista en la cual, debido a los vínculos económicos y la ubicación geográfica, México no puede ni debe fijarse una diversificación sustancial de su comercio, ya que esto perjudicaría las relaciones bilaterales.

No cabe duda de que México se encuentra completamente ligado a los Estados Unidos, es una consecuencia natural después de más de medio siglo de haber enfocado su política exterior a las relaciones con ese país. Aunado a esto, el creciente regionalismo que caracteriza a Europa, Sudamérica y Asia del Este no ayudan a promover la idea de una diversificación para México. Siendo esta la situación, México parece encontrarse efectivamente con la única alternativa de mirar hacia América del Norte. Pero lo importante aquí es el cómo se relacione con sus dos principales socios: debe buscar la integración a partir de relaciones benéficas para todos y que impulsen efectivamente el desarrollo de México a través de proyectos concretos y no solo mediante ideas superfluas de que a mayor liberación mejores resultados.

Por lo tanto, México debe elaborar una política exterior coherente con sus capacidades y limitaciones y dejarlas claras frente a su vecino, ya que de lo contrario continuará una situación en la que Estados Unidos asumirá que México comparte su posición frente a diversos temas y esto condenará a México a tener una política reactiva u omisa que no hará más que limitar la movilidad de acción mexicana, complicando su posición negociadora (Heredia, 2006: p. 181).

*Castañeda, J. (2001) "Mirando al Futuro: Los ejes de la política exterior de México", en Nexos, vol. XXIII, Núm. 288, pp. 66 – 74.

*Heredia, C. (2006) “La relación con Estados Unidos: la prueba de ácido de la política exterior mexicana”, en J.E. Navarrete (coord.), La reconstrucción de la política exterior de México: principios, ámbitos, acciones. México: CEIICH-UNAM, 2006, pp. 175 – 246.

*Iruegas, G. (2006) “Hurtar el rumbo a la política exterior mexicana”, en J. E. Navarrete (coord.), La Reconstrucción de la Política Exterior de México: principios, ámbitos, acciones, México: CEIICH-UNAM, 2006, pp. 73 – 98.

viernes, 16 de abril de 2010

¿Principismo o pragmatismo de la política exterior?

Históricamente México ha manejado una política exterior de doble discurso. Mientras en algunas situaciones promulgaba el respeto a los principios de no intervención, autodeterminación, entre otros, como en el caso de Cuba tras su revolución, en otros casos ha desechado esos principios por un manejo pragmático de la política exterior, como es el caso de su apoyo a Sandino durante el gobierno de Calles y el maximato.

De acuerdo con Velázquez (2002: p.18) es posible apreciar que el gobierno de Fox se caracterizó por el continuismo respecto de las administraciones de Salinas y Zedillo, usando la política exterior como un instrumento para el desarrollo económico, dando prioridad a los objetivos de corto plazo sobre los de largo (lo cual demuestra claramente una falta de visión como estadista), pero que al fin y al cabo los más beneficiados son los intereses particulares.

Debo hacer notar que la utilización de la política exterior para lograr el desarrollo de México no debe ser visto como algo negativo, ya que la razón de ser de la política exterior es obtener del exterior aquello que pueda coadyuvar a la consecución del interés nacional. Es negativo en efecto cuando se relega a la política exterior toda la responsabilidad de lograr el desarrollo mientras que en lo interno no se hacen grandes avances.

No obstante hay que reconocer un cambio importante en el proceso de formulación de la política exterior. Durante los gobiernos priistas el presidente tenía el poder y la libertad de manejar los asuntos internos y externos a su antojo, pero con la transición el Poder Legislativo fue recuperando la independencia que debería tener y se presentó como un fuerte dispositivo de control del Ejecutivo (Velázquez, 2002: pp. 44.45). Esto no quiere decir que hubiera una democratización en la formulación de la política exterior, ya que ésta comenzó a estancarse debido al enfrentamiento entre Fox y el Congreso, quien buscaba tener más participación, pero nunca hubo consultas entre estos.

Retomando la cuestión de la continuidad de la política exterior, considero que además de continuidad se puede hablar de una visión más estrecha respecto a lo que se buscaba fuera de México. Si bien Fox argumentaba que buscaría diversificar el comercio de México y la prioridad de política exterior sería Sudamérica, en realidad su programa siempre estuvo enfocado a la relación con América del Norte, y de ahí que sus primeros planteamientos fueran respecto al apoyo económico que Estados Unidos debería darle a México para su desarrollo y la negociación de un acuerdo migratorio como parte del “bono democrático” que “disfrutaba” México (Iruegas, 2006: p. 87-88). Pero esa idea de que México contaba con un “bono democrático” que debería abrirle las puertas de la ayuda internacional era realmente absurda.

Si bien se agregaron algunos asuntos a la agenda de política exterior, tales como derechos humanos, defender los derechos de los mexicanos en el extranjero, la participación de México en foros multilaterales y promover la democracia (Iruegas, 2006: p. 90), éstos fueron temas relegados a segundo o tercer plano, ya que el interés del gobierno foxista era, al igual que con Salinas y Zedillo, promover la profundización e integración de la economía mexicana con Estados Unidos.

En conclusión, considero que los principios de la política exterior que resguarda la Constitución no son, y de hecho nunca han sido un pilar de la política exterior de México, sino una herramienta que se utiliza de acuerdo a los intereses de México y a la coyuntura. México ha sido más pragmático de lo que muchos analistas consideran, y es por eso que el debate sobre pragmatismo y principismo no parece ser relevante. En cuanto al continuismo, éste responde más al modelo neoliberal imperante en México que a los proyectos del gobierno en turno.


Iruegas, G. (2006) “Hurtar el rumbo a la política exterior mexicana”, en J. E. Navarrete (coord.), La Reconstrucción de la Política Exterior de México: principios, ámbitos, acciones, México: CEIICH-UNAM, 2006, pp. 73 – 98.

Velázquez Flores, R. (2002) “El proyecto de política exterior de Vicente Fox: ¿Continuidad o cambio?”, en R. Velázquez Flores (coord.), La política exterior de México bajo un régimen democrático: ¿Cambio continuidad?, México: Plaza y Valdés-Universidad de Quintana Roo, 2002, pp. 17-64.

viernes, 9 de abril de 2010

Viernes de otro espacio


Lluvioso, nublado, soleado, agobiante, caprichoso, absurdo, un día poco común, un viernes que no es viernes, que es como un día fuera del calendario, en otra dimensión, pero que al fin y al cabo cuenta. Vaya día más extraño, fue un día que mezclo el blanco y negro con los colores, que se asemejó al agua, incolora e inodora, pero que dejó una sensación de ausencia.

¿Ausencia de que? de todo y de nada, no hay soledad, pero flotas en un espacio vacío. Es como comer en abundancia, repetir la ración, no querer comer más, pero no estar satisfecho. ¿Acaso mi esencia (no creo en la existencia de alma) me abandonó y se transformó en nubes, neblina y lluvia para poder observarme? Me abandonó pero se que estaba junto a mi, aunque, ¿qué es esa esencia? Ah, que sensación más extraña, no me satisface dejar esta duda sin resolver, pero no me interesa definirla.

Ha sido un día tan extraño que induce a muchas cosas: quiero tirarme en el pasto, en una cómoda silla y poder observar el cielo, aun cuando este nublado, el clima hipnotiza. Quiero estar solo con mi música y una deliciosa bebida, pero se que una buena compañía es igualmente apetecible. También estoy de humor para disfrutar de una taza de café 100% puro, y muy cargado, mientras devoro hoja tras hoja de un tema que me apasiona: Japón, Rusia, y su pleito. Hasta para escribir en este blog estoy de humor. No suelo debrayarme, ni ponerme a escribir porque me cuesta ser coherente respecto a pensamientos que se me cruzan por la mente, pero decidí darle una oportunidad al debraye, simplemente quiero escribir, ¿de qué? de cualquier cosa, estoy reflexivo. Aún quedan unos poquitos restos de cafeína en mi sistema nervioso, así que debería alimentarlos y aprovechar el resultado.

The Smiths suenan en mi reproductor, me dicen: "Please Please Please, Let Me Get What I Want". Sí, yo también quiero obtener lo que deseo, tengo sueños e ilusiones como cualquier ser humano. ¿Lo conseguiré? es posible que no todos, pero haré lo mejor.

Quiero volar. Creo que ese ha sido un sueño recurrente en el ser humano. Quiero sentir el aire en mis mejillas, que me duelan de lo congeladas que se pondrán. Quiero ver la luna y pensar que su luz me dará un pálido "bronceado". Me encanta la luna, espero que no la colonicen, ya que eso le quitaría brillo, un brillo que quiero que se refleje en mis ojos por el resto de mi vida.

No me he cansado, pero no es propio ni respetuoso alargar este debraye que no lleva a ningún lado más que a seguir pensando cosas tan absurdas como certeras para mi imaginario. El día de hoy ha sido un día limbo. Ha sido un día tan extraño que creo que no quiero que se acabe. No obstante, faltan 38 minutos para que llegue a su fin. Mañana puede que todo vuelva a la normalidad.

jueves, 8 de abril de 2010


Este reporte elaborado por un Grupo de Trabajo Independiente tiene como objetivo mostrar cuales son los retos a los que se enfrentan México, Canadá y Estados Unidos como socios comerciales en una de las regiones comerciales más dinámicas del mundo. A través de la identificación de dichos retos, el grupo presenta propuestas de acción para profundizar la integración de América del Norte.

Los retos y propuestas se dividen a través de ejes temáticos. El primero de ellos es la seguridad. Después del 11 de septiembre, se ha convertido en una prioridad la cooperación en asuntos de defensa conjunta, por lo que el grupo propone la creación de un perímetro de seguridad, que incluye además de cooperación militar entre los tres socios, la homologación de requisitos y procedimientos de ingreso a la región. El objetivo de esto es que tras ser aprobado el ingreso a la región por cualquiera de los tres países, sea posible el libre transito dentro de ésta sin necesidad de otra inspección, inspirado claramente en el espacio Schengen de la Unión Europea.

No cabe duda de que los tres países norteamericanos comparten riesgos de seguridad comunes, sobre todo frente a ataques terroristas. Empero, considero que lograr este perímetro de seguridad es sumamente complicado, ya que para ello es indispensable terminar con el problema del narcotráfico, por lo que las regulaciones fronterizas no serán relegadas a un perímetro común existiendo esa amenaza “interna”

En materia económica, el grupo propone la profundización del TLCAN a través de la creación de un Tribunal de arbitraje permanente, así como la inclusión de bienes y servicios no establecidos en el tratado. Con el objetivo de constituir un mercado común, propone la creación de un arancel común de la región. También esta previsto el apoyo de Canadá y EEUU a México para que se desarrolle y puedan enfrentar los retos externos con mayor eficiencia. El libre transito de personas es otro punto esencial, por lo que la propuesta es ejecutarlo entre EEUU y Canadá, y cuando México se nivele con éstos, incluirlo.

El contexto actual nos demuestra que más allá de existir una disposición por la profundización de las relaciones económicas entre los tres socios, existe un marcado proteccionismo por parte de Estados Unidos. Además, este país no parece tener la intención de comprometerse en mayor grado con el proceso de integración como para crear un Tribunal permanente. Tampoco el libre tránsito de personas parece viable mientras exista no solo una desigualdad económica, sino una marcada discriminación racial principalmente en los Estados Unidos.

Por último, considera otros aspectos como la mejora de infraestructura, la homologación de políticas ambientales, de estándares de sanidad y transporte, cooperación para innovación de tecnología, y un mayor acercamiento cultural a través del intercambio de estudiantes. Con esto se planea eliminar prejuicios entre las sociedades de los tres socios y crear una identidad norteamericana.

Estas regulaciones definitivamente deben ir de la mano del proceso económico. En cuanto al intercambio cultural, considero debe ser el primer paso para posteriormente emprender cualquier tipo de empresa, ya que uno de los principales obstáculos para la integración norteamericana son los profundos prejuicios existentes entre las tres sociedades, pero principalmente entre los estadounidenses y los mexicanos.

Council on Foreign Relations, Consejo Canadiense de Presidentes de Empresa Consejo y Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (2005), Construcción de una comunidad de América del Norte: Informe de un Grupo Independiente de Trabajo, Washington D.C.: CFR, 123 – 178

domingo, 4 de abril de 2010

Reporte: La relación con Estados Unidos: prueba de ácido de la política exterior mexicana


Desde los inicios del modelo neoliberal en México, los políticos, empezando por Carlos Salinas de Gortari, se han planteado como objeto del interés nacional la integración económica de México con los Estados Unidos. No obstante los gobiernos mexicanos han creído ciegamente que para el vecino del norte México tiene la misma importancia que representa él para éste. Nada más alejado de la realidad, pues si bien México es el tercer socio comercial de Estados Unidos, y por ello un socio estratégico, a éste país no le interesa negociar con México temas que puedan comprometer su seguridad nacional, tales como la reforma migratoria e infraestructura fronteriza.

Aunado a lo anterior, los gobiernos mexicanos no han elaborado una política exterior bien estructurada que les permita tener una posición negociadora frente al vecino del norte. Heredia sostiene que en el marco de la postura estadounidense de “si no eres mi amigo eres mi enemigo”, México puede quedar acorralado frente a las imposiciones estadounidenses al no tener claros sus objetivos a lograr y sus estrategias para conseguirlos.

El autor maneja algunos temas de la agenda bilateral en los cuales México debe poner suma atención. El primero de ellos es el económico, destacando el hecho de que el Tratado de Libre Comercio, si bien ha incrementado las cifras macroeconómicas, también ha abierto la brecha de desigualdad entre México y Norteamérica, ya que las cifras microeconómicas demuestran que la sociedad mexicana no ha mejorado su nivel de vida y poder adquisitivo. Si México busca recuperar su competitividad, debe comenzar por resolver la desigualdad que existe entre el norte y el sur del país.

Un segundo tema es el migratorio. Heredia maneja el cambio en el comportamiento de los migrantes mexicanos en Estados Unidos, los cuales se vuelven respetuosos de la ley por temor a ser deportados. Pero el tema migratorio no termina ahí, ya que es responsabilidad de México el crear las oportunidades para que los mexicanos dejen de emigrar, ya que en un futuro este fenómeno podría ser una amenaza a la seguridad nacional ya que México se volvería un país de viejos y no tendría fuerza productiva. Relacionándolo con el tema cultural, propone que México aproveche a estos mexicanos para fortalecer las relaciones bilaterales y, como punto trascendental, para acercar a los dos pueblos, que se conozcan y con ello evitar las muestras de racismo y odio que ambas sociedades tienen como consecuencia de la ignorancia. Esto en verdad podría ser un paso hacia la integración, ya que un proceso de esa magnitud no se puede llevar a cabo cuando no hay un consenso social.

Finalmente, un tema que sí es de sumo interés para Estados Unidos es la seguridad. Este país busca establecer un perímetro de seguridad en Norteamérica que incluya a México. Por su parte, éste debe evaluar que si bien la cooperación militar es un paso fundamental para que un proceso de integración más profundo sea posible, no por ello puede permitir que Estados Unidos dicte las órdenes y deba someterse a cumplirlas. Para ello México requiere nuevamente de una política exterior, y de una política de Estado, que le permita tomar decisiones y sostenerlas con firmeza.

Heredia, C. (2006) “La relación con Estados Unidos: la prueba de ácido de la política exterior mexicana”, en J.E. Navarrete (coord.), La reconstrucción de la política exterior de México: principios, ámbitos, acciones. México: CEIICH-UNAM, 2006, pp. 175 – 246.

viernes, 2 de abril de 2010

Reporte: The anatomy of a murder: Who killed America’s economy?

En este artículo Stiglitz se pregunta: ¿Quienes son culpables de la crisis financiera internacional? De acuerdo con él la culpa la tiene tanto el gobierno hasta la población; desde el banquero, pasando por Alan Greenspan y la administración Bush, hasta los deudores.

No existe un único culpable, ya que la crisis es resultado de las fallas estructurales del sistema, reforzadas por la intransigencia de la FED respecto a regularizar instituciones como los bancos de inversión y los inversionistas. De hecho, fueron los neoconservadores quienes buscaron una mayor desregulación del sistema financiero, la cual defendieron con los modelos proporcionados por economistas que manejaban hipótesis de información perfecta, mercado perfecto y competencia perfecta, es decir, no consideraban ningún tipo de variante que desestabilizara el modelo.

Los bancos, supuestos expertos en el manejo de riesgo, no tuvieron la menor precaución y otorgaron préstamos fáciles y sin mayor documentación de respaldo, confiados en que la tasa de intereses se mantendría baja. Con esto, los estadounidenses compraron sus casas a muy bajos intereses, los cuales eran artificiales, y ante la subida de éstos les resultó imposible costear sus deudas hipotecarias.

Aunado a la baja tasa de intereses mantenida por la FED como recurso para mantener activa la economía estadounidense, se encuentra el recorte de impuestos para los ricos, así como el incremento de los precios del petróleo, consecuencia directa de la guerra en Irak. Con todo esto como respaldo, Stiglitz menciona que el gobierno es culpable por no hacer nada, no por hacer mucho. El principal culpable fue el sistema político americano y su dependencia en la contribución a las campañas, lo que permitió que Wall Street ejerciera una enorme influencia sobre el gobierno de Bush, el cual solo benefició sus intereses.

Stiglitz, J.E. (2009) “The anatomy of a murder: who killed America’s economy?”, en Critical Review, vol. 21, num. 2–3, pp. 329–339.