miércoles, 12 de mayo de 2010

Deseando el mar (parte 1 de... quien sabe)


El niño se encontraba frente a la pileta de su casa contemplado las ondas que el viento generaba sobre la superficie del agua. El agua, ese elemento al que el niño no podía dominar, y por ende, disfrutar de la forma que él quería. Su expresión facial no reflejaba sentimientos de temor, de frustración, de enojo; no, ya no, ahora expresaba resignación.

A sus pocos años de vida no habían sido pocas las veces en que había intentado superar esa incapacidad para enfrentarse al agua. Cada periodo vacacional el niño tenía algún enfrentamiento con su gran rival líquido, siendo su primera experiencia una alberca.

¿Qué mayor seguridad deseaba el niño que una fosa con un límite de agua y que, bajo supervisión adulta, no representaba un peligro? Ninguna, el niño no quería seguridades, quería poder nadar, arrojarse sin temores y poder flotar, avanzar 100 metros sin quedarse sin aire y hundirse. Pero en esa ocasión no fue posible, el niño se desmayó a los pocos segundos de entrar al agua.

Innumerables fueron las ocasiones en que el niño se enfrentó a su temor, pero cada vez que lo hacía era derrotado. -¿Por qué?- se preguntaba el niño. Era acaso que no tenía las capacidades para nadar, el sabía que no era atleta, pero es que nadar es algo básico para el ser humano, todos a su alrededor podían hacerlo, incluso quienes en efecto tenían deficiencias considerables.

Pero esto no fue suficiente para que el niño se diera por vencido. Después de haber dejado de intentar nada por varios meses, el niño visitó un lago. Un nuevo horizonte se presentaba ante él. Temeroso de lo que le deparaba, el niño respiró, dio un paso, e ingresó en las cálidas aguas de la laguna.

Continuará....

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