
Después de un largo mes y medio de arduo y exhaustivo trabajo, durante el cual he tenido que mantenerme en estado de sobriedad, este viernes por fin podré darme el lujo de disfrutar de una deliciosa y relajante bebida de 39 grados de alcohol junto a mis amigos. No es que sea realmente importante el ingerir la bebida, sino el momento de convivencia con personas que aprecio, y también el hecho de que al menos podré olvidarme unas cuantas horas de mis deberes.
¿Que tendrá de interesante la tan ansiada noche de mañana viernes? Pues nada menos que una salida a un bar en el sur de la ciudad de México, que por lo que se puede apreciar en las imágenes disponibles en Internet, es un lugar bastante agradable. En ese bar planeo pasar un par de horas festejando a una gran amiga que conozco desde que me embarque en esta odisea llamada Relaciones Internacionales.
La noche no acabará tras salir del bar, ya que en casa esperará una hermosa botella de Vodka (preferiría un rico whiskey, pero entre la crisis económica y los malvados impuestos, el presupuesto no me alcanza para ello), la cual deberá ser ajusticiada, ya que a una dama no se le debe hacer esperar y mucho menos quedarle mal. Al ritmo de la potente voz de Eddie Vedder, las ingeniosas composiciones de The Donnas y los compases psicodeéicos de Pink Floyd y Led Zeppelin, auguro pasaré una agradable velada que me ayudará a recargar energía y proseguir con salud mental las semanas faltantes para el periodo "vacacional" (está bien, reconozco que tendré que superar una tremenda cruda, pero ánimo, yo se que puedo).
¿Que tendrá de interesante la tan ansiada noche de mañana viernes? Pues nada menos que una salida a un bar en el sur de la ciudad de México, que por lo que se puede apreciar en las imágenes disponibles en Internet, es un lugar bastante agradable. En ese bar planeo pasar un par de horas festejando a una gran amiga que conozco desde que me embarque en esta odisea llamada Relaciones Internacionales.
La noche no acabará tras salir del bar, ya que en casa esperará una hermosa botella de Vodka (preferiría un rico whiskey, pero entre la crisis económica y los malvados impuestos, el presupuesto no me alcanza para ello), la cual deberá ser ajusticiada, ya que a una dama no se le debe hacer esperar y mucho menos quedarle mal. Al ritmo de la potente voz de Eddie Vedder, las ingeniosas composiciones de The Donnas y los compases psicodeéicos de Pink Floyd y Led Zeppelin, auguro pasaré una agradable velada que me ayudará a recargar energía y proseguir con salud mental las semanas faltantes para el periodo "vacacional" (está bien, reconozco que tendré que superar una tremenda cruda, pero ánimo, yo se que puedo).
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