
Ya comenzó la Feria del libro de este año en el Palacio de Minería. La muestra estará abierta al público del 17 al 28 de febrero de 2010. Yo tube la oportunidad de asistr el pasado sabado. Como estoy un poco ajustado en cuestiones monetarias, me dije a mi mismo "solo gastaré $300". Sí, se que suena absurdo decir eso cuando uno asiste a este tipo de eventos, pero como solo consideraba comprar dos libros que requiero para los cursos del semestre, no le tome demasiada importancia, lo cual no me impidió el discretamente deslizar mi tarjeta de debito dentro de mis bolsillos. Solo por precaución claro está.
El primer expositor es, por supuesto, nuestra máxica casa de estudios, la UNAM. Puesto que uno de los libros que necesitaba es de la UNAM, me di a la tarea de buscarlo, y mientras lo buscaba me encontre con dos libros que llamaron mi atención. El primero trataba a las sogo shosha, que por lo que pude leer en el reverso del libro, son compañías generales de comercio, diferentes de las famosisimas zaibatsu. Puesto que es un asunto que me sirve para conocer un poco respecto a los actores que intervienen en la toma de desiciones en Japón, directamente relacionado con mi tema de tesis, decidí incluírlo en mi "carrito del mandado". El otro libro que captó mi atención fue la visión de los vencidos, un libro que deseaba desde hace mucho tiempo, pero no había podido adquirirlo.
Siguiendo con mi recorrido, fui a dar a la sección del Fondo de Cultura Económica, y en las mesas de rebajas encontre un tesoro: El excepcionalismo norteamericano de Seymour Martin Lipset en 35 pesotes, por lo que no dude un solo instante y decidí adquirirlo. También entre las "chacharas" de editorial Siglo XXI encontré un libro sobre Japón en la globalización, cuyo precio era de $41. Pero ¡oh sorpresa!, al revisar mi bolsillo no tenía mas que $20. Si a esto agregamos que había tomado de sus estantes dos libros más, uno de Asia Central y otro del Imperialismo Japones, mi frustración aumentaba. Fu entonces que mire atentamente la tarjeta de debito, y disculpandome con ella por no cumplir mi promesa de no usarla, permití la deslizaran por el lector electrónico.
Ya que habia usado a mi pequeña amiga roja, tal vez no habría dudado en usarla una segunda vez, pero los siguientes expositores donde encontre cosas de interés no aceptaban tarjetas. Pero mi consuelo es que una amiga volverá a ir y podré encomendarle la importante misión de adquirir por mi una revista de política exterior.
Normalmente soy muy reticente a utilizar mi tarjeta, ya sea para coprar ropa, salidas a comer o a algun evento recreativo. No obstante no duele utilizarla sabiendo que estoy adquiriendo buenos libros a buenos precios, y mejor aún, que me serán de mucha utilidad.
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