miércoles, 17 de febrero de 2010


En este preciso momento acabo de terminar de releer algunos articulos de El Federalista de Hamilton, Madison y Jay. Los capitulos que leí giran en torno a 3 ejes rectores que pude identificar, y son los siguientes:

Hamilton hace especial referencia a la importancia de la Confederación para la estructura del sistema político norteamericano. En su favor argumenta que la confederación dará mayor cohesión interna, lo que se traducirá en seguridad tanto al interior, sobre todo cuando haya rebeliones en algún miembro, como al exterior. Frente a sus detractores, Hamilton sostiene que el gobierno confederado no será dictatorial ni tirano, ya que tendrá especificadas las áreas de su competencia, será una “autoridad limitada a los miembros en su condición colectiva.” Así mismo, podrá suavizar y dominar las tendencias al espíritu de partido, ya que difícilmente algún grupo podrá obtener la mayoría requerida como para imponer su proyecto, además de que se manejaría un sistema de contrapesos frente a estas pasiones. Por último, defiende que la Constitución será un representante de los intereses comunes, mientras que los intereses locales y particulares serán defendidos por las constituciones estatales.

El segundo eje se refiere a la forma de gobierno. De la defensa del republicanismo como la opción más favorable se encarga Madison. Según este, un gobierno republicano es aquel “que deriva todos sus poderes directa o indirectamente de la gran masa del pueblo y que se administra por personas que conservan sus cargos a voluntad de aquel, durante un periodo limitado o mientras conserven buena conducta.” Por lo tanto, la participación popular en la forma de gobierno resulta indispensable, sobre todo cuando tiene no solo facultades para elegir a sus representantes y gobernantes, sino también para someterlos a juicio. En cuanto a los Estados, estos también cuentan con su representación igualitaria en el Senado. Ante las críticas constantes respecto a que el gobierno federal sea totalitario y “nacional”, Madison argumenta que el gobierno federal solo podrá actuar sobre los cuerpos políticos que integran la federación, no sobre los individuos.

El tercer eje es relativo a la división de poderes y su independencia del resto. Al respecto Jay argumenta que debe quedar claramente plasmado que los poderes de la Unión: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, no pueden usurpar las atribuciones de ninguno de los otros poderes. No obstante, esto no significa que no puedan entrometerse en los asuntos del resto, ya sea en forma de autorizar nombramientos y juicios políticos en el legislativo, o la designación de magistrados por parte del Ejecutivo. Por ende, lo más favorable para evitar este tipo de transgresiones, es reducir la poca interrelación entre los poderes, manteniéndolos los más independientes posible.

Tras leer esto e identificar las ya mencionadas ideas, me puse a pensar en el proceso constituyente mexicano. Mis dudas giraron en torno a si en México se había dado un debate tan intenso y rico como se dio en los Estados Unidos de América. Recordando algunas lecturas que hice respecto al constituyente de 1824, puedo decir que en efecto en México hubo un debate al respecto de qué tipo de gobierno sería mejor: República o monarquía, Federación o centralismo. Lo triste del asunto es que dicho debate se dio meramente entre los constituyentes, pero no se promovió ampliamente ante el resto de la población medianamente letrada. En conclusión de esta ligera comparación, pienso que a México lo que le faltó y le falta, es debate.

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