Con el libro “La diplomacia”, Harold Nicolson nos introduce al mundo diplomático en un recorrido que rompe con mitos en torno a este arte. Para empezar el autor hace una clara distinción entre la política exterior y la diplomacia, siendo ésta una herramienta de aquella para las relaciones pacíficas entre los Estados. En sentido más estricto, y tomando una de las definiciones que maneja Nicolson a lo largo del libro, “la palabra designa los procesos y el mecanismo mediante el cual se lleva a cabo [la] negociación."
Ahora bien, a manera de introducción Nicolson expone brevemente la historia de la diplomacia, desde sus orígenes con los pregoneros, pasando por los heraldos, elocuentes y abogados, hasta llegar a los profesionales en la materia; de las convenciones entre las ciudades-estado griegas, pasando por los reinos medievales, hasta llegar al Estado post-wesfaliano.
Nicolson hace especial énfasis en la supuesta transición entre la vieja y la nueva diplomática, transición que muchos ubican al fina de la Primera Guerra Mundial. Para Nicolson no existe una diferencia sustancial como para llamar hacer tal clasificación, pero reconoce la existencia de nuevas variables en la diplomacia, tales como la participación de las organizaciones gubernamentales y las no gubernamentales, así como de las negociaciones multilaterales en calidad de conferencias y convenciones, sin olvidar la democratización de la diplomacia, es decir, la capacidad que tenga el diplomático para tomar decisiones, requiriendo o no posterior ratificación.
No menos importantes son las consideraciones de las cualidades que debe tener un diplomático, entre las que se encuentras dominio de idiomas, cocimientos de historia, así como prudencia y educación, entre otras. Por último, Nicolson nos indica como se debe comportar un diplomático, cómo es el proceso de acreditación ante el Estado receptos, las visitas que debe realizar tras su arribo, así como del lenguaje diplomático y expresiones que, sin ser directas, dan claras señales de las intenciones del Estado que envía un el mensaje. Por todo esto, la obra de Nicolson se presenta como una lectura imprescindible para todo estudioso del arte diplomático.
Nicolson, Harold, La diplomacia, Fondo de Cultura Económica, 3ª edición, México, 243p
Ahora bien, a manera de introducción Nicolson expone brevemente la historia de la diplomacia, desde sus orígenes con los pregoneros, pasando por los heraldos, elocuentes y abogados, hasta llegar a los profesionales en la materia; de las convenciones entre las ciudades-estado griegas, pasando por los reinos medievales, hasta llegar al Estado post-wesfaliano.
Nicolson hace especial énfasis en la supuesta transición entre la vieja y la nueva diplomática, transición que muchos ubican al fina de la Primera Guerra Mundial. Para Nicolson no existe una diferencia sustancial como para llamar hacer tal clasificación, pero reconoce la existencia de nuevas variables en la diplomacia, tales como la participación de las organizaciones gubernamentales y las no gubernamentales, así como de las negociaciones multilaterales en calidad de conferencias y convenciones, sin olvidar la democratización de la diplomacia, es decir, la capacidad que tenga el diplomático para tomar decisiones, requiriendo o no posterior ratificación.
No menos importantes son las consideraciones de las cualidades que debe tener un diplomático, entre las que se encuentras dominio de idiomas, cocimientos de historia, así como prudencia y educación, entre otras. Por último, Nicolson nos indica como se debe comportar un diplomático, cómo es el proceso de acreditación ante el Estado receptos, las visitas que debe realizar tras su arribo, así como del lenguaje diplomático y expresiones que, sin ser directas, dan claras señales de las intenciones del Estado que envía un el mensaje. Por todo esto, la obra de Nicolson se presenta como una lectura imprescindible para todo estudioso del arte diplomático.
Nicolson, Harold, La diplomacia, Fondo de Cultura Económica, 3ª edición, México, 243p





